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Normalmente, nuestro cuerpo es capaz de hacer que nos adaptemos a los cambios que supone hacer entrar comida en nuestro organismo, pero en ocasiones ocurren alteraciones por las que incluso una comida ligera y aparentemente sana puede sentarnos mal.

A veces, esto puede deberse a una intoxicación, otras a una intolerancia o una alergia alimentaria, pero no siempre hay una patología detrás. Por eso lo primero es consultar con el médico para descartarlo y, una vez sepas que no hay ninguna alteración grave que produzca el malestar, busques un mejor encaje entre tus hábitos alimenticios y tú. En este artículo te ofrecemos las claves para conseguirlo.

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¿Qué cosas te pueden hacer sentir mal después de comer?

La realidad es que hay estómagos más delicados o que se resienten ante ciertos alimentos y requieren algunos cambios. Frituras, rebozados y embutidos... son de difícil digestión por su riqueza en grasas, pero no te confundas, porque los alimentos más sanos no siempre “caen bien”. Algunas frutas o verduras también pueden hacer que tu estómago esté haciendo más esfuerzo del habitual, y algunas personas descubren que les sienta mal después de comer.

Si ese es tu caso, te irá bien conocer que hay algunos alimentos que son más difíciles de digerir que otros.

¿El huevo duro te sienta pesado?

El huevo duro suele sentar mal porque la yema, que es donde se concentran la mayor parte de las grasas del huevo, está cuajada. Al estar coagulada es mucho más difícil de digerir, ya que entorpece la acción de las enzimas digestivas (lipasas), que se encargan de la digestión de las grasas.

Si optas por comerlo cocido, para evitar que se digiera mal no lo hiervas demasiado (no más de 4 minutos) y, sobre todo, mastícalo muy bien. Por otro lado, existen opciones más ligeras y digestivas para disfrutar de este alimento como a la plancha, en cocotte o como revueltos, pero la opción más digestiva es comerlos pasados por agua o escalfados. Es la técnica de más fácil digestión, porque la yema está semilíquida.

¿El zumo de naranja te da diarrea?

Esta fruta tiene acción colagoga, es decir, estimula el vaciamiento de vesícula. Si te tomas tu zumo en ayunas puede producir un vaciamiento brusco de la vesícula biliar, provocando náuseas, gases, pesadez e incluso diarrea. Si este es tu problema, la solución es fácil: no tomes zumo de naranja en ayunas, o toma la naranja entera en lugar del zumo para acabar el desayuno, con el estómago lleno.

Ten en cuenta también otras opciones ricas en vitamina C para sustituir a la naranja: kiwi, fresas...

¿Las legumbres te provocan gases?

Su fibra soluble ayuda a combatir el estreñimiento y disminuir el colesterol, pero tienen el inconveniente de que son flatulentas. Esto se debe a que parte de su fibra son oligosacáridos (carbohidratos no digeribles por el intestino), los cuales pasan intactos al intestino grueso, donde se convierten en un buen alimento para las bacterias buenas de la flora intestinal. El único problema es que éstas, al digerir los oligosacáridos, producen gases.

Para evitar esta molestia y prevenir los gases, utiliza estas estrategias:

  • El remojo prolongado (más de 8 horas).
  • Romperles el hervor a mitad de cocción (retirarlas del fuego unos minutos).
  • Guisarlas con especias como el comino, el hinojo o el anís estrellado.
  • Tomarlas en puré.

Además, acabar la comida con yogur natural desnatado te ayudará a digerir mejor las legumbres y a reducir su efecto flatulento.

¿La lechuga es peor de noche?

Su celulosa (fibra insoluble) hace que resulte difícil de digerir, sobre todo si se toma para cenar. Si es tu problema, no caigas en el error de eliminar las ensaladas de tu dieta, ya que tomar una ración diaria de vegetales crudos es fundamental para la salud, y las ensaladas son una buena forma de hacerlo. Por la noche sustituye la lechuga por otro tipo de hojas verdes, como berros, canónigos, rúcula…

Ahora bien, toma las de lechuga en la comida del mediodía y, sobre todo, mastícala y ensalívala bien.

¿Las coles te hinchan?

Son anticáncer, pero también pueden resultar flatulentas, por eso las personas propensas a tener gases no las toleran bien. Para suavizar este efecto y mejorar así su digestión incluso si no tienes propensión a la aerofagia (formación de gases), debes cocinarlas bien y aderezarlas con hierbas o especias de efecto carminativo (comino, hinojo, salvia, etc.). También es necesario que las mastiques despacio, ensalivándolas bien. Evita combinarlas con alimentos grasos o vegetales flatulentos.

¿Te “repite” el pepino?

Es refrescante, depurativo, diurético, laxante y muy ligero, pero para algunos resulta indigesto. Además de difícil de digerir, a algunas personas se les “repite”. Esto ocurre por la presencia de sustancias amargas en su piel que pueden irritar las paredes del tubo digestivo. Para que no se repita, retira la piel y los extremos de la hortaliza. Si esto no fuera suficiente, déjalo sin la piel en remojo con agua fría y cómelo siempre al principio de la comida.

Mejora su digestión si además de pelarlo, retiras todas las pepitas y lo maceras media hora con zumo de limón.

¿Te da ardores el picante por la noche?

A muchas personas el picante les sienta mal porque les provoca ardor, acidez e incluso dolor de estómago. La pimienta, el pimentón, la cúrcuma, la guindilla, el chile o el jengibre tienen propiedades antioxidantes beneficiosas para la salud, pero también relajan la presión del cardias (válvula entre el esófago y el estómago) y esto favorece que el ácido del estómago pueda retornar al esófago, dando lugar a la irritación de esta zona.

Si es tu problema, incluye el picante con mucha moderación y sobre todo no lo tomes antes de dormir, espera al menos 2 horas para irte a la cama.