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Los expertos aseguran que las personas que no tienen ningún problema de salud pueden consumir hasta un huevo diario. Te contamos por qué, lejos de ser un peligro, puede aportarte muchos beneficios.

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¿Por qué ahora dicen que los huevos son “buenos”?

Es cierto que la yema del huevo contiene colesterol: uno mediano aporta unos 200 mg de colesterol. Por eso, hasta no hace mucho, como medida de prevención cardiovascular, se recomendaba no pasar de tres o cuatro a la semana.

Pero varios estudios han demostrado que el colesterol que contienen ciertos alimentos, como los huevos, apenas influye en la hipercolesterolemia. No solo eso, sino que además se ha comprobado que su consumo es beneficioso para la salud:

  • Mejoran el equilibrio del colesterol. Un estudio realizado entre mujeres madrileñas demostró que los valores del colesterol "bueno" (HDL) y del "malo" (LDL) eran mejores entre las que consumían un huevo al día que entre las que lo tomaban menos veces.
  • Aportan grasas buenas. Sus fosfolípidos, especialmente la lecitina, ayudan a absorber menos colesterol. Además, aportan ácidos grasos esenciales omega 3 y 6, y ácido linoleico, por lo que la proporción entre ácidos grasos poliinsaturados y saturados es adecuada para proteger la salud cardiovascular.
  • Ayudan a controlar el peso. Los huevos contienen leucina, un aminoácido que favorece la sensación de saciedad. Si los cocinas sin añadir grasas, no engordan: un huevo mediano aporta 70 kcal. Escalfados, a la plancha o cocidos resultan ligeros y digestivos.
  • Cuidan tus músculos. Las proteínas que aportan los huevos son abundantes (12,7 g por cada 100 g) y, además, de alta calidad, ya que poseen todos los aminoácidos esenciales, que nuestro organismo no puede producir por sí mismo y necesita obtener de los alimentos.

La lecitina que contiene el huevo contribuye a que el organismo asimile menos colesterol

  • Son ricos en vitaminas. Por cada 100 g de huevo obtienes cantidades superiores al 25% de la cantidad diaria recomendada de las vitaminas A, D, B2, B3 o niacina, B12, E, ácido fólico...
  • Te proporcionan minerales. Dos huevos medianos te aportan más del 20% de la cantidad diaria recomendada de fósforo y zinc. También son una buena fuente de hierro y selenio.
  • Protegen tus ojos. Son ricos en luteína y zeaxantina, carotenoides con efectos antioxidantes y anticancerígenos, que además previenen la aparición de cataratas.
  • Favorecen tu bienestar. Los huevos son una de las principales fuentes de triptófano, un aminoácido esencial a partir del cual se produce serotonina, sustancia que ayuda a mejorar el estado de ánimo.

4 claves para consumirlos con total seguridad

  1. Al comprar. Mira bien su cáscara, comprueba que no esté rota, agrietada ni tenga restos de heces.
  2. Qué significa el código impreso. El primer dígito hace referencia a la forma de cría de las gallinas: 3, en jaulas; 2, en el suelo en gallineros; 1, en libertad (gallinas camperas); y 0, ecológicos (gallinas alimentadas con piensos de agricultura ecológica). El resto del código informa del país de la UE, provincia, municipio y granja de producción.
  3. Al cocinar. Según un estudio, el 15% de los huevos contienen salmonella en su cáscara. No los rompas en el mismo recipiente donde vayas a batirlos ni reutilices la huevera de cartón, ya que se pueden transferir las bacterias a otros huevos.
  4. Cómo saber si es fresco. Si al romperlo la yema está centrada en la clara significa que es fresco, ya que tiene unas estructuras que la sostienen y con el tiempo van perdiendo elasticidad. Otro truco para averiguarlo consiste en introducirlo en agua. Si el huevo flota es viejo, ya que la cámara de aire del extremo ha crecido. Aunque muchos ya llevan impresa la fecha de consumo preferente, ten en cuenta que en la nevera caducan 28 días después de la puesta.

¿Dónde los guardo, en la nevera o fuera?

Pues depende... Piensa que en los comercios normalmente los tienen fuera. Si vas a dejarlos en la nevera hasta justo el momento de cocinarlos, entonces puedes guardarlos dentro del frigorífico. Si pasan del frío a temperatura ambiente, se calientan y la cáscara se humedece, y de esta manera puede entrar agua por sus poros hasta la membrana que los protege de los microorganismos.

Curiosamente, los frigoríficos suelen tener las hueveras en la puerta, sin embargo, no es el lugar más adecuado para ellos, ya que al abrirla y cerrarla los cambios de temperatura son constantes.