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Tomar el sol en exceso y sin una adecuada protección puede provocar la aparición de pecas y lunares en el cuerpo, ya que la produccion de melanina se dispara para proteger la piel.

Es muy importante estar atento a la apariencia de estas manchas y vigilar si su aspecto cambia, porque el melanoma, el cáncer de piel mas peligroso, suele originarse a partir de ellas. Y el 90% de los casos se podrían curar si se detectaran a tiempo.

En qué características debes fijarte

La llamada "regla del ABCD" (asimetría, borde, color, diámetro) ayuda a distinguir una peca o lunar de una posible lesión cancerosa. Acude al dermatólogo si detectas cualquiera de estas características:

  • Asimetría. Los lunares suelen ser redondos y simétricos. Sospecha si es asimetrico, es decir, si una mitad del lunar no se parece a la otra, y no tiene forma ovalada.
  • Borde. Consulta cuando el borde sea irregular o tenga picos.
  • Color. Los lunares benignos pueden ser de color marrón claro u oscuro, pero son homogéneos. En cambio, las lesiones malignas suelen tener dos o más tonos: marrón, rojizo, negruzco...
  • Diámetro. Los lunares suelen ser de menos de 6 mm. Si la mancha es mayor, no lo dejes pasar.

Otras señales de alerta

  • Antiguas pecas. Vigila si han cambiado de aspecto, te pican, duelen, sangran o presentan inflamación, enrojecimiento o endurecimiento.
  • Nuevas manchas. Debes estar pendiente de la aparicion de nuevas pecas, lunares y verrugas, especialmente si sientes molestias.
  • Manchas blanquecinas. Consulta al especialista si te han aparecido manchas en la piel de color traslúcido y/o pálido, no solo si son marrones o tienen una mezcla de colores.
  • Llagas o heridas que no curan. Pueden ser lesiones pequeñas cubiertas por costras de sangre y que no acaban de cicatrizar, o lesiones persistentes que no te molestan pero que sangran cuando las tocas o las frotas.
  • Lesión que crece. Puede ser plana o en forma de pequeña protuberancia que permanece y va aumentando de tamaño lentamente.

Cómo examinar tu piel

La mayoria de los cánceres de piel se curan si se detectan a tiempo. Por eso conviene que te acostumbres a revisar tu piel una vez al mes. Debes buscar lunares, imperfecciones, pecas y marcas extrañas para detectar cualquier cambio.

Realiza el autoexamen en una habitación bien iluminada y con un espejo. Pide ayuda para aquellas zonas de más difícil acceso. Sigue este paso a paso:

  1. Revisa primero el cuerpo. Sitúate frente a un espejo y busca señales en la cara y por todo el cuerpo. Primero hazlo de frente, luego de espaldas y, finalmente, de lado.
  2. Cuello y cabeza. Con un espejo de mano y de espaldas a otro espejo, examina la parte trasera del cuello y el cuero cabelludo, separando el pelo a mechones.
  3. Parte baja de la espalda. Ayúdate del espejo de mano para examinar también la zona final de la espalda, incluyendo los lados y los glúteos. Repasa después la zona genital.
  4. Brazos y antebrazos. También frente al espejo, examina cuidadosamente los brazos, los antebrazos y las axilas. Observa asimismo tus manos y uñas.
  5. Pies. Siéntate y revisa la parte de atrás de las piernas. Para que te sea más fácil, usa un espejo de mano. Repasa tus pies, las plantas y la piel que hay entre los dedos.

Es importante que te examines el cuerpo una vez al mes

Una buena manera de comprobar si las pecas o lunares cambian de color, textura o tamaño con el tiempo es que si detectas alguna mancha sospechosa la fotografíes para ver cómo progresa.

Por qué las manchas en la cabeza son más peligrosas

El 20% de los melanomas aparecen en la cabeza y suelen ser más agresivos por estas razones:

  • Zonas olvidadas. Como las orejas, la nariz o el cuero cabelludo. No ponemos crema solar en ellas y a menudo no nos protegemos con gorras o sombreros, por eso están desprotegidas frente al sol.
  • Son más difíciles de observar. Al estar tapadas por el pelo, las lesiones suelen verse más tarde, cuando ya están avanzadas.
  • En la cabeza hay más irrigación sanguínea. Y por eso las lesiones se pueden propagar con más facilidad.
  • Están más cerca del cerebro. Y esto aumenta el riesgo de que las células cancerosas se diseminen y lleguen hasta él.

Protégete del sol

El daño provocado por las quemaduras solares se va acumulando en nuestras células. Por eso dicen que la piel “tiene memoria”: las quemaduras producidas durante la adolescencia pueden traducirse en cáncer de piel al cabo de 40 años.

Los daños en el ADN de las células de la piel hacen que estas crezcan sin control. Esto favorece la aparición del cáncer cutáneo, que puede ser de dos tipos: carcinoma (el más frecuente) y melanoma (menos habitual, pero más agresivo).

Para prevenirlos es imprescindible:

  • Tomar el sol con moderación y evitar las horas de más radiación, entre las 12 y 16 h.
  • Aplicar el fotoprotector media hora antes de exponerse al sol e ir reponiéndolo cada 2 horas. Sin olvidar zonas como las orejas, la nariz, las manos o los pies.
  • Proteger la cabeza con gorra o sombrero y utilizar gafas de sol homologadas.