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Memoria y emociones pueden parecer dos elementos psicológicos muy distintos, pero desde hace décadas se sabe que están relacionados.

Por ejemplo, tendemos a recordar con un nivel de detalle mucho mayor aquellos acontecimientos que ocurrieron en un momento en el que estábamos muy activados emocionalmente, y también es más probable que nos vengan a la mente recuerdos cuyo contenido encaja con las emociones que estamos experimentando en el presente.

Ahora bien, al igual que la aparición de ciertos recuerdos puede ser favorecida por lo que sentimos, también puede darse el caso contrario. De hecho, diversas investigaciones señalan que la depresión tiene el poder de hacer que muchos de nuestros recuerdos se vayan haciendo cada vez más borrosos e indefinidos.

La explicación acerca de por qué ocurre esto nos ayudará a entender mejor cómo trabaja nuestra mente.

La depresión es mucho más que tristeza

Para entender el modo en el que la depresión es capaz de ir erosionando tus recuerdos es importante saber qué es lo que distingue esta patología de un simple estado emocional negativo como por ejemplo una tristeza puntual.

Lo primero que llama la atención de este trastorno del estado de ánimo es su duración e intensidad. Las crisis que produce pueden llegar a alargarse varios meses, en los que quedamos incapacitados para llevar una vida normal y autónoma.

La depresión se prolonga e incapacita más que un estado de tristeza puntual

Por otro lado, la depresión no consiste simplemente en sentirse muy mal. Algunos de los síntomas asociados con esta patología tienen que ver con otros aspectos de nuestro comportamiento, como por ejemplo:

  • Incapacidad de experimentar placer.
  • Desaparición de la propia iniciativa.
  • Fatiga y cansancio continuos.
  • Aparición frecuente de pensamientos sobre el suicidio.

Además de todo esto, se ha comprobado que la depresión produce cambios importantes en el funcionamiento de nuestro cerebro.

De hecho, el encéfalo de una persona diagnosticada con este trastorno muestra un nivel de activación mucho más bajo que el de alguien sin depresión, lo cual influye en una gran variedad de procesos mentales, entre ellos la capacidad de memorizar y el modo en el que volvemos a evocar ciertos recuerdos.

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Los efectos de la depresión sobre la memoria

Una investigación llevada a cabo por científicos de la Brigham Young University ha mostrado que la depresión tiene el poder de ir desgastando recuerdos.

En concreto, hace que se vuelvan más imprecisos y que contengan menos riqueza en detalles, con lo cual es más posible que tiendan a desaparecer con el paso del tiempo al volverse poco a poco menos significativos.

¿Por qué ocurre esto?

La explicación acerca del modo en el que la depresión degrada los recuerdos puede estar en una estructura de nuestro cerebro llamada "hipocampo".

El hipocampo es conocido por ser el encargado de gestionar un tipo de memoria conocida como memoria declarativa, la cual agrupa el procesamiento de todos los recuerdos que pueden ser expresados a través de palabras (en oposición a la memoria emocional o la procedimental, gracias a la cual somos capaces, entre otras cosas, de aprender a ir en bicicleta o tocar una guitarra).

En tu cerebro, esta formación de neuronas está ubicada en cada uno de los lados de tu cabeza, tanto en el derecho como en el izquierdo, más o menos a la altura de la parte superior de las orejas.

La depresión llega a la vez que la reducción de las zonas cerebrales de la memoria

Por otro lado, se sabe que, en las personas con depresión, los hipocampos tienden a ser significativamente más pequeños que los de alguien que no ha sido diagnosticado con este trastorno.

Esto podría tener dos causas principales: o aquello que produce la depresión tiene también el efecto de ir matando las neuronas de ciertas regiones del cerebro; o la depresión provoca que las personas adopten una actitud y un estilo de vida que, por falta de estimulación, hace que algunas estructuras del encéfalo se encojan como consecuencia de no ser tan utilizadas.

La segunda explicación encaja muy bien con lo que sabemos acerca de cómo funciona la memoria.

Los recuerdos siempre cambian

Desde finales del siglo XX, la idea de que nuestros recuerdos son copias casi exactas de lo que perciben nuestros sentidos ha sido sustituida por una concepción mucho más dinámica de lo que son los procesos mentales.

Incluso si no eres una persona con depresión, todos tus recuerdos van cambiando con el paso del tiempo por mucho que te esfuerces en conservar sus detalles. Y cada vez que vuelves a evocar un recuerdo determinado, este presentará pequeños cambios de los que te costará ser consciente sin ayuda de otras personas.

Así, la modificación constante de los recuerdos es algo que forma parte del funcionamiento normal de la memoria. Pero, si ningún recuerdo se corresponde con la realidad... ¿qué es lo que hace que nos resulte útil confiar en ellos? La respuesta está en el modo en el que "repasamos" constantemente lo que sabemos acerca del pasado.

Los recuerdos se van modificando a lo largo de la vida incluso aunque no se sufra depresión

Cada vez que nos viene a la mente un recuerdo, este cambia, pero a la vez hacemos que muchos de sus elementos queden aún más consolidados y fijados a nuestra memoria, tal y como ocurre cuando aprendemos a realizar una tarea a base de repetirla.

Además, inconscientemente, vamos incorporando a estos recuerdos cosas que no sabíamos cuando "registramos" por primera vez esa información pero que sí sabemos en el presente. De algún modo, utilizar estas imágenes y pensamientos que nos hablan acerca del pasado es como realizar ensayos mentales.

En las personas con depresión, sin embargo, la apatía, la necesidad de aislarse y la falta de voluntad hace que se mantengan en un estado mental en el que los estímulos son mucho menos frecuentes.

Las personas con este trastorno tienden a evocar menos recuerdos de forma espontánea, y por consiguiente no lo tienen tan fácil para ir repasándolos mentalmente. Finalmente, esto hace que estos contenidos vayan desdibujándose y perdiendo detalles.

Las emociones también importan

En definitiva, la memoria no es simplemente un proceso frío, lógico y analítico equiparable al que puede realizar un ordenador, ya que está guiada por la emoción y los sentimientos. Esa parte irracional de nosotros mismos actúa como una fuerza que guía nuestra propia narración acerca de quiénes somos y de dónde venimos.

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