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Aunque suene increíble para muchos, nuestro cerebro empieza a envejecer antes de cumplir los 30 años, y sin embargo, está en nuestra mano retrasar el inicio de la pérdida de memoria producida por la edad.

La aparición de esos pequeños "despistes" que van haciéndose más frecuentes a medida que nos adentramos en la madurez es algo contra lo que podemos combatir siguiendo las estrategias adecuadas.

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Hábitos para prevenir la pérdida de memoria

Si bien es cierto que con el envejecimiento esta clase de capacidades cognitivas se va deteriorando, contamos con un importante margen de maniobra para evitar, o al menos retrasar, unos cuantos años la aparición de los despistes. La biología no tiene por qué marcar nuestras vidas totalmente: el modo en el que nos relacionamos con nuestro entorno también cuenta.

Conocer las claves para no perder la memoria nos permite construir un cerebro más sano y con mayor agilidad mental introduciendo una serie de hábitos sencillos en nuestro día a día.

Ahora bien, apostar por integrar a nuestra vida estrategias para no perder la memoria supone implicarse de forma continuada, y por eso merece la pena saber dirigir nuestros esfuerzos hacia todo aquello que resulta más eficaz.

Teniendo en cuenta lo anterior, puedes seguir estas claves para proteger tu agilidad mental:

1. Cultiva tu vida social

Relacionarse con los demás a menudo, sea con familiares y amigos o participando en alguna actividad en grupo, favorece una mejor memoria, tal y como han demostrado diversos estudios. Al interactuar con otras personas se estimulan las neuronas del cerebro que son responsables del aprendizaje, y esto hace que encuentren nuevas formas de conectarse entre ellas.

Las relaciones personales mantienen a las neuronas activas

Cuando existe un mayor grado de interconexión entre las redes de neuronas que forman el cerebro, es más fácil llegar a evocar un recuerdo a través de "rutas alternativas". Eso significa que se multiplican las posibilidades de llegar a una misma idea partiendo de sensaciones o pensamientos que aparentemente tienen poco que ver entre sí.

De ese modo, incluso si hay una zona del cerebro que se ha dañado, otras pueden tomar el relevo y conducir nuestro pensamiento a ciertos contenidos de la memoria.

2. Cambia tus rutinas

Hacer siempre lo mismo lleva a que el cerebro se acomode, lo que favorece el envejecimiento prematuro. Esto ocurre así porque nuestro cerebro se acostumbra a trabajar en un bucle al estar expuesto siempre a los mismos estímulos.

Alterar rutinas sirve para prevenir esta clase de empobrecimiento de la mente, porque hace que nuestros recuerdos sobre experiencias pasadas sean más ricos y llenos de referencias temporales. Por ejemplo, puedes probar modificando los trayectos de casa al trabajo o hacia las zonas a las que acudas a diario, o cambiando el orden de las cosas que haces en casa nada más levantarte.

3. Procura no estresarte

Los altos niveles de estrés disparan las cantidades de cortisol, adrenalina y noradrenalina que circulan por el organismo. Estas sustancias son producidas por nuestro cuerpo, pero según varias investigaciones, en cantidades excesivas afectan negativamente a la memoria, en especial la episódica (la encargada de saber cuándo y dónde nos ha ocurrido algo en el pasado).

La ansiedad provoca que al cerebro le cueste más generar nuevos recuerdos, ya que se centra en los estímulos a corto plazo del "aquí y ahora" para evitar un posible peligro inminente. Por otro lado, hay estudios que señalan que un estrés crónico podría incluso provocar una pérdida de memoria irreversible.

El exceso de hormonas vinculadas al estrés, como el cortisol, perjudica a la memoria

Los masajes, las técnicas de relajación e incluso los cambios en la dieta (alimentos y plantas relajantes) pueden ayudarte a reducir tus niveles de ansiedad.

4. Nutre tu cerebro

El cerebro es uno de los órganos que necesitan más energía, así que es bueno que prestes atención a lo que sueles comer. Si no te alimentas de manera correcta, el organismo empezará a "forzar" su funcionamiento para llegar a todos sus objetivos, y esto conlleva un desgaste que te puede afectar a medio y largo plazo.

En este sentido, todos los estudios señalan a la Dieta Mediterránea como la opción ideal; uno de sus secretos es el poder antioxidante que encontramos en los alimentos más usados en esta. El aceite de oliva, el pescado (sobre todo el azul), los frutos secos, las frutas y verduras y las legumbres o los cereales no deben faltar en tus menús diarios.

5. Potencia el ejercicio cardiovascular

La actividad física resulta muy beneficiosa para proteger al cerebro de un deterioro cognitivo prematuro y reduce el riesgo de sufrir una enfermedad neurodegenerativa. El ejercicio aumenta la oxigenación del cerebro y, a su vez, el aumento del flujo sanguíneo en este órgano parece reducir los niveles de una proteína (TAU) muy vinculada al alzhéimer.

6. Evita el sobrepeso

Una investigación de la Universidad de Boston (EE. UU.) sostiene que hay una relación directa entre el exceso de grasa en el cuerpo y un menor volumen del cerebro.

Además, parece que la grasa abdominal sería especialmente dañina, ya que aumenta el riesgo de sufrir alguna demencia con el paso de los años. En este caso, las calorías que consumimos también cuentan: ingerir más de las que necesitamos produce un daño oxidativo que puede causar cambios estructurales en el encéfalo.

7. Ponle retos a tu mente

Hacer cuentas "de cabeza", crucigramas o puzles, aprender un idioma, adaptarse al uso de una nueva tecnología o simplemente acudir a una exposición o espectáculo... son ejercicios que estimulan al cerebro y le ayudan a mantener su agilidad. Esta es una de las medidas más eficaces para no perder memoria.

8. Duerme bien

Habrás comprobado que tras una “mala noche” te cuesta más retener cualquier dato sencillo al día siguiente. Esto es normal, ya que dormir bien favorece la concentración y atención.

Según un estudio del Instituto de Investigación Scripps (EE. UU.) publicado en la revista “Cell”, durante el sueño el cerebro frena la actividad de un tipo de neuronas asociadas al olvido, lo que ayuda a retener mejor los recuerdos.

9. Evita tóxicos que te “roban” memoria

El tabaco, el alcohol y las comidas excesivamente grasas son perjudiciales para el buen funcionamiento cerebral. Tomar ciertos fármacos de forma prolongada también puede perjudicar la memoria, así como el contacto diario con disolventes, pinturas o pegamentos.

10. Emociónate

Numerosos experimentos han demostrado que los recuerdos asociados a una carga emocional intensa logran una mejor consolidación en la memoria.

Como explica el Dr. Facundo Manes, neurólogo, investigador y director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) de Argentina y autor del libro “Usar el cerebro”, las emociones generan cascadas químicas en nuestro organismo que favorecen la formación de recuerdos y les dan un significado relevante para nosotros.

Tener una vida rica en emociones hace que sea más fácil evocar recuerdos

Por otro lado, se sabe que los casos de alzhéimer se reducirían hasta un 40% si siguiéramos un estilo de vida más saludable, tal y como muestran estudios realizados por el grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Este es uno de los datos que nos muestran hasta qué punto tenemos a nuestro alcance la capacidad de adoptar hábitos de vida para no perder memoria y disfrutar de una mayor calidad de vida durante muchos años.