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Llevar un ritmo de vida demasiado ajetreado, querer mantenerlo todo bajo control y tener mil cosas en la cabeza... Quizás consideres normal la tensión que tu día a día te provoca y te resignes a sufrirla, pero te conviene conocer los límites de tu cuerpo.

En este artículo veremos cómo el estrés, algo que aparentemente es "tan solo" psicológico, puede llegar a tener repercusiones negativas muy evidentes y concretas sobre tu salud.

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Cómo nos afecta el estrés

Prácticamente todos hemos pasado por momentos de ansiedad, e incluso se dice que en algunos casos es buena para estimularte a lograr tus metas.

Sin embargo, cuando se vive siempre en "modo de emergencia", la mente y el cuerpo pueden pagar un alto precio. El motivo es que el organismo se acostumbra a liberar cantidades anormales de sustancias al torrente sanguíneo, y a la larga esto hace que tus tejidos se resientan.

Cortisol y adrenalina: las hormonas de la ansiedad

En los periodos de estrés, las glándulas suprarrenales, situadas sobre los riñones, liberan un tipo de hormona llamada cortisol. Junto con la adrenalina, que también es segregada abundantemente cuando nos estresamos, esta sustancia se encarga de hacer que los niveles de glucosa en sangre suban mucho con la finalidad de proveer de energía extra al organismo ante una situación de peligro.

La adrenalina, además, hace que se eleve el ritmo cardíaco, la respiración y la tensión, y dilata los bronquios para que entre más oxígeno. Por otro lado, reduce la circulación sanguínea en zonas como la piel para canalizarla hacia los músculos.

El organismo "pierde el ritmo" y no sabe priorizar sus funciones

Pero todo esto tiene un coste. Por un lado, el hecho de que nuestro cuerpo trabaje a marchas forzadas hace que nuestras células se vayan desgastando rápidamente para dar una respuesta rápida ante la urgencia. Por el otro, mientras esto ocurre, se reducen otras funciones, como la digestión o la reparación de los tejidos, que por dar sus frutos a largo plazo quedan en segundo plano.

El desgaste del sistema inmunológico

El sistema inmunológico es uno de los más afectados por el desvío de energía hacia aquellos procesos que permiten reaccionar rápidamente ante posibles amenazas.

lo anterior hace que enfermar después de una etapa de mucho trabajo no sea nada extraño: si el estado de estrés se alarga mucho en el tiempo, se multiplican las posibilidades de que ciertos microorganismos dañinos encuentren su oportunidad y se extiendan por tu cuerpo sin encontrar mucha resistencia.

QUÉ LE PASA A TU CUERPO

El exceso de adrenalina y cortisol liberados en sangre día tras día es perjudicial. Por eso muchas molestias comunes están provocadas por el estrés, entre las que destacan las siguientes:

1. Dolor de cervicales

Casi un 50% de las personas con estrés crónico sufren este síntoma. Y es que la zona cervical, cuando se vive bajo una tensión continuada, tiende a agarrotarse ante cualquier situación: una discusión, un pequeño contratiempo... También ocurre con otros músculos de la espalda.

De hecho, el estrés provoca que muchas personas vivan “eternamente" contracturadas.

2. Caída del pelo

El estrés altera la absorción de oligoelementos y aminoácidos básicos y estrecha las arterias, limitando la circulación en el cuero cabelludo.

3. Problemas digestivos

A través del aparato digestivo pasan muchos nervios, por lo que este es muy sensible a cualquier trastorno emocional.

El movimiento natural de los intestinos se altera cuando se está bajo tensión, lo que puede causar desde diarrea hasta estreñimiento, dependiendo de la persona. También aumenta la acidez del estómago, porque se segrega un exceso de jugos gástricos. Por otro lado, la presión constante también hace que comas más rápido, provocando gases de forma indirecta.

4. Alteraciones del sueño

Unos niveles altos de cortisol te mantienen en un estado de alerta tal que dificultan la relajación y, por tanto, te cuesta dormirte. De hecho, el estrés está detrás del 85% de los casos de insomnio, y las mujeres de entre 40 y 49 años son las más afectadas.

El estrés explica el 85% de los casos de insomnio

Además, aunque consigas dormirte, se sabe que los nervios no dejan que el sueño sea reparador, porque impiden completar la fase REM.

5. Mayor irritabilidad

¿Tienes ganas de "morder" a la gente, a pesar de que no está en tu naturaleza, y sientes que necesitas hacer un gran esfuerzo para controlar tu temperamento? Esto se debe a que el estrés constante hace que generes menos dopamina, la hormona del bienestar. En esa situación, casi cualquier contratiempo puede hacer que perdamos un poco el control.

6. Problemas en la piel

Un eccema o una urticaria también puede ser una respuesta a una situación de tensión mal controlada. Y es que el exceso de cortisol en el cuerpo estimula la liberación de histamina, que puede acabar provocando estos trastornos dermatológicos.

Pero sin llegar a ese extremo, la piel es un órgano muy “sensible” al estrés. Si tiende a ser seca, los nervios hacen que se reseque más, y si tienes propensión a las manchas, el estrés las acentuará. Además, reduce la producción de colágeno y elastina, las fibras que dan elasticidad a la piel, provocando mayor flacidez. La adrenalina también provoca que empeore el acné.

7. Se te olvidan más cosas

El cortisol que se genera con el estrés reduce la actividad del hipocampo del cerebro, el área donde se “gestionan y se consolidan los recuerdos.

¿Cómo se resiente tu salud a largo plazo?

El estrés crónico puede “agotar” directamente el organismo y hacer que enferme:

  • El corazón sufre. Cuando aumenta la adrenalina, bombea más sangre, pero si esta situación se mantiene en el tiempo tu corazón puede acabar debilitándose. Además, la tensión arterial también se dispara.
  • La antesala de la depresión. El estrés mantenido acaba con las reservas de dopamina. Por eso, cuando no se controla y avanza hasta la fase de resistencia o agotamiento, una de las consecuencias es la aparición de síntomas depresivos.
  • Envejecimiento prematuro. Las células emplean el 90% de la energía en renovarse y reparar tejidos. Pero el estrés deja estas funciones en segundo plano, y por eso las personas estresadas envejecen más y lo hacen antes.
  • Aumenta el riesgo de cáncer de cuello de útero. La ansiedad y el estrés incrementan la probabilidad de desarrollar este tipo de cáncer en la mujer infectada por el virus del papiloma humano. Se cree también que puede jugar un papel relevante en el desarrollo de metástasis y una peor evolución del cáncer.

Combatir la ansiedad

Muchas veces el estrés no se puede evitar. Hagamos lo que hagamos, terminarán apareciendo situaciones en las que la presión del contexto en el que vivimos nos haga flojear. Pero la solución no es tolerarlo a la espera de que la situación mejore, sino aprender a enfrentarse a él sin que la salud se resienta. Para ello te conviene:

  • Descubrir si tienes una personalidad propensa a sufrirlo y saber reconocer los síntomas que te alertan de que, aunque no te des cuenta, el estrés te está pasando factura.
  • Poner en práctica técnicas y hábitos que te ayuden a alejarlo o a soportarlo mejor. En definitiva, que te hagan más fuerte. Delegar tareas y practicar ejercicios de relajación son dos estrategias útiles para ello.