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De los 14 millones de españoles que sufren hipertensión, cerca de 10 millones no llevan un buen control de este trastorno, según la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA). Una cifra alarmante que demuestra que la mayoría de la población no es consciente de los riesgos para la salud que supone tener la tensión arterial alta.

Pasar por alto este problema no solo puede desencadenar enfermedades cardiovasculares, sino también afectar a otros órganos vitales mucho más de lo que crees.

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LA hipertensión Y SU IMPACTO NEGATIVO PARA TU SALUD

Te explicamos el modo en el que la hipertensión perjudica a tu corazón, tus riñones, tus ojos e, incluso, tu cerebro.

1. Aumenta el riesgo coronario

Cuando la presión sanguínea es muy alta, la sangre choca a gran velocidad contra las paredes de venas y arterias. Estas se protegen de la agresión volviéndose más rígidas y gruesas y endureciéndose gradualmente.

Al irse estrechando poco a poco, el corazón tiene que trabajar más, lo que puede hacer que se fatigue. Y este sobreesfuerzo favorece la aparición de problemas como insuficiencia coronaria, la angina de pecho o las arritmias. A su vez, la agresión sobre las arterias incrementa el riesgo de trombosis, infarto, aneurismas…

2. Debilita tus riñones

Para depurar la sangre que llega a un ritmo rápido, los riñones también tienen que trabajar más. Y como en el caso de las arterias coronarias, los vasos sanguíneos que pasan por ellos también se vuelven más rígidos.

Con el tiempo, los riñones pierden funcionalidad y cada vez les cuesta más eliminar las toxinas. Esto origina mayor retención de líquidos y, si el daño continúa, puede derivar en una insuficiencia renal crónica.

3. Así daña el cerebro

La hipertensión favorece que se inflame el tejido que recubre los vasos sanguíneos del cerebro. Esto facilita la formación de trombos, que pueden obstruir las venas y dar lugar a un ictus, o accidente cerebrovascular.

Además, cuando los vasos sanguíneos de la cabeza se estrechan llega menos sangre oxigenada al cerebro, y se sospecha que esto puede provocar daños cognitivos a largo plazo, como por ejemplo en la capacidad de recordar y memorizar.

La falta de oxígeno en el cerebro puede desgastar las capacidades mentales

Por otro lado, una reciente investigación de la Universidad Sapienza de Roma (Italia) sostiene que la presión arterial elevada puede acabar lesionando las vías nerviosas que hacen de conectores en algunas áreas del cerebro. En concreto, los daños observados en las personas que participaron en el estudio afectaban al funcionamiento ejecutivo, la regulación emocional y las tareas de atención.

4. Un peligro para la vista

Los ojos también reciben sangre y un exceso de presión continua puede ocasionarles daños, especialmente en la retina. Cuando las venas de esta zona del ojo se estrechan, se pueden producir pequeñas hemorragias (retinopatía hipertensiva).

Visión doble, disminución o pérdida de la visión y dolores de cabeza son algunos de los síntomas más habituales, aunque a menudo estas señales no se presentan hasta que la persona lleva bastante tiempo manteniendo una presión arterial alta y ya se han producido daños en la retina.

La hipertensión también puede favorecer la aparición de una lesión hemorrágica en el nervio óptico, que se denomina neurorretinopatía.

5. Dificulta la circulación en las piernas

Cuando el exceso de presión afecta a las arterias de las extremidades inferiores aparecen problemas de circulación. Este trastorno se conoce como claudicación intermitente.

La alteración provoca un dolor de tipo muscular intenso en las piernas, las pantorrillas o los muslos, que aparece al caminar. Según su gravedad, incluso puede obligar a detenerse cada cierta distancia. El dolor suele remitir cuando se está en reposo.

3 errores que hacen que bajes la guardia

Ante la hipertensión, es importante que no caigas en estas "trampas":

1. Tu presión "roza" la normalidad

Científicos de la American College of Cardiology han llegado a la conclusión de que estar "rozando" los valores límite considerados normales durante muchos años predispone a sufrir cardiopatías. Tras estudiar a más de 2.500 hombres y mujeres durante 25 años, constataron que los que tenían la presión algo elevada pero dentro del límite entre los 18 y los 30 años posteriormente tenían más riesgo de sufrir problemas de corazón.

2. Solo la tienes "un poquito" elevada

Que a veces tu presión sistólica (la alta) esté elevada, aunque seas menor de 40 años o no te ocurra siempre, puede ser significativo, según la Universidad Estatal de Nueva York (EE. UU.), donde han comprobado que este dato es un predictor de enfermedad cardiaca.

3. Tus valores varían, pero no siempre están altos

Después de estudiar la presión arterial de 26.000 personas durante dos años, científicos de la Universidad de Alabama (EE. UU.) llegaron a la conclusión de que aquellas que presentan grandes fluctuaciones o variaciones en la presión arterial tienen un 25% más riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca en comparación con quienes mantienen los niveles estables.

¿A partir de qué cifras es hipertensión?

Aunque depende de varios factores como edad, sexo y estado de salud, las cifras que se consideran óptimas son 120 mmHg de sistólica (o máxima) y 80 mmHg de diastólica (o mínima).

Hay que tener en cuenta tanto la tensión sistólica como la diastólica

En general, se dice que existe hipertensión o que la presión arterial es alta cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 mmHg y/o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mmHg. Sin embargo, algunos especialistas aconsejan últimamente que estos valores no suban de los 130 y los 84 mmHg.

Si eres mujer y estás en la menopausia, vigila tu presión

Los hombres suelen tener de media la presión sistólica más alta que las mujeres. Sin embargo, no te confíes por ser mujer y valora igualmente la importancia que merece la hipertensión, ya que el problema se iguala entre ambos sexos alrededor de los 60 años, debido sobre todo a la menopausia.

Durante esta etapa se produce un descenso de los estrógenos (hormonas femeninas), que son vasodilatadores. Además, la mujer suele experimentar un aumento de peso, lo que contribuye también a que la presión suba.

Por otro lado, se cree que la hipertensión femenina es más peligrosa, ya que podría causar un deterioro mayor en su organismo, según un estudio publicado en la revista "Therapeutic Advances in Cardiovascular Disease".