Psoriasis

Es una enfermedad de la piel que puede manifestarse con brotes bastante aparatosos y su aspecto todavía provoca rechazo en algunas personas, que creen que puede contagiarse. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: la psoriasis no se transmite por contacto entre las personas.

¿Qué es la psoriasis?

Se trata de una enfermedad crónica de la piel que provoca inflamación y descamación de la misma. La renovación celular se produce más deprisa de lo que debería y causa la acumulación de las células en la superficie de la piel en forma de gruesas placas o escamas. La psoriasis cursa en brotes, es decir, que hay periodos en los que la persona que la padece está libre de ella, lo cual no significa que esté curada.

Lo más frecuente es que afecte solo a la piel, lo que se conoce como psoriasis en placas. Pero existen formas más agresivas que, además, atacan a las articulaciones o a los ojos, produciendo una afectación sistémica.

¿Cuáles son los síntomas?

La psoriasis se caracteriza por la aparición de placas irregulares, blanquecinas y duras, y entre ellas la piel está enrojecida. Estas lesiones predominan en el cuero cabelludo, en el tronco y en los miembros superiores e inferiores, principalmente en codos y rodillas, aunque también es frecuente que afecten a la zona interglútea (entre las dos nalgas) y a la genital masculina.

De todas formas, pueden surgir en cualquier zona del cuerpo. Las uñas, por ejemplo, pueden presentar pequeños agujeritos o una especie de mancha de aceite por debajo de ellas. Las uñas suelen engrosarse y pueden despegarse de su lecho.

La aparición de las placas puede ser repentina o bien lenta y gradual. Hay épocas en las que desaparecen por completo, o en las que mejora su aspecto; y otras, en las que empeoran de forma evidente. Cuando no hay placas, la piel puede quedar levemente rosada.

En los casos en los que la psoriasis afecta a los ojos, suele hacerlo en forma de conjuntivitis, blefaritis (inflamación de los párpados) o queratitis (inflamación de la córnea).

¿Cuál es el tratamiento?

Aunque no existe una cura para esta enfermedad, los tratamientos actuales pueden proporcionar una gran mejoría de los síntomas y hasta conseguir que desaparezcan durante largos periodos de tiempo. El dermatólogo es quien debe prescribir el más adecuado en función del tipo de psoriasis y su gravedad, la edad del paciente, si sufre otras enfermedades o toma ciertos medicamentos, etc. Estos son los tratamientos más habituales:

  • Cremas, pomadas, lociones, geles, champús. Se aplican de forma tópica sobre la zona afectada para reducir la inflamación y mejorar el aspecto y el tacto de la dermis. Se suelen utilizar en casos leves o como complemento a otros tratamientos.
  • Fototerapia. Puede consistir en tratamientos con luz ultravioleta del sol (luz natural), luz ultravioleta artificial o la combinación de luz UV con un medicamento que sensibiliza la piel a la luz (PUVA). Generalmente, se recomienda para casos de psoriasis moderada y siempre bajo estricto control médico.
  • Sistémicos. En los casos de afectación sistémica (o psoriasis moderada y grave que no responden a los tratamientos tópicos o de fototerapia), el médico puede recetar fármacos en comprimidos o inyecciones. Estos corrigen la respuesta inmunológica errónea que desencadena la psoriasis y disminuyen la inflamación.
  • Terapia combinada. Los cuadros más graves y rebeldes necesitan combinar los tratamientos anteriores a la vez para mejorar los síntomas.

¿Existen factores de riesgo?

Aunque todavía no se conoce su origen, al parecer hay determinados genes asociados a la psoriasis, por lo que es más frecuente que aparezca en personas que tengan algún familiar afectado por esta enfermedad.

En uno de cada 10 casos aparece ya en la infancia. Fuera de estos primeros años, existen dos épocas en las que aparece con más frecuencia: sobre los 30 años habría un primer pico; y uno posterior hacia los 50-55 años. Por otro lado, es más frecuente en mujeres que en hombres.

Pero también existen factores que pueden empeorar la psoriasis o provocar un brote:

  • Situaciones de estrés.
  • Clima frío y seco.
  • Falta de cuidados de la piel. Es recomendable hidratarla a diario.
  • Heridas en la piel, independientemente de su tamaño.
  • Infecciones, como faringitis y amigdalitis.
  • Consumo excesivo de alcohol y tabaco.
  • Tomar algunos medicamentos, como antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o algunos fármacos contra la hipertensión arterial.

¿Cómo puede afectar la enfermedad?

Las lesiones visibles en la piel pueden provocar un impacto social y psicológico en algunos pacientes, incluso aunque no sufran ninguna otra complicación. En este caso, pueden precisar atención especializada para lograr aceptar su enfermedad.

Las personas que sufren el tipo de psoriasis que además ataca a las articulaciones pueden tener una disminución importante en la calidad de vida. Esta limitación, junto con el hecho de que el aspecto físico se vea afectado por las placas, hace necesario permanecer alerta ante la posible aparición de cuadros de ansiedad y depresión.

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