Infarto

El infarto cardiaco, o infarto agudo de miocardio (IAM), suele estar ligado al proceso natural de envejecimiento, pero también es una patología cardiaca que cada vez se ve con más frecuencia en personas jóvenes que llevan un estilo de vida poco saludable y sedentario.

¿Qué es un infarto?

Es la interrupción de la circulación normal de la sangre hacia el corazón, lo que provoca la muerte de las células de la zona que queda sin riego sanguíneo. Cuando esto pasa, el proceso se conoce como necrosis y puede afectar a todo el músculo cardiaco, provocando la muerte de quien lo sufre, o solo a una parte de él, causando una serie de secuelas.

¿Cuáles son los síntomas?

Aunque no siempre son los mismos ni se producen con la misma intensidad, las señales más características de un infarto son estas:

  • Dolor u opresión en la parte izquierda del pecho, ya que es en este lado donde se encuentra el corazón. El dolor no cede con el reposo, ni con la respiración ni con ninguna postura.
  • El dolor puede extenderse a la mandíbula, al brazo izquierdo e incluso a la espalda.
  • Dificultad para respirar.
  • El sudor frío también es otro síntoma, aunque no siempre aparece.

A veces los síntomas no son tan claros y el dolor puede afectar a ambos brazos o solo al derecho, cosa que dificulta la sospecha de infarto y retrasa peligrosamente la asistencia sanitaria.

En las mujeres puede ser diferente

Los síntomas de infarto pueden ser distintos en el caso de las mujeres. Según un estudio de la Universidad Binghamton de Nueva York (EE. UU.), las mujeres no interpretan como alarmantes esos síntomas y los atribuyen a otras causas. Por eso, suelen recibir ayuda más tarde y las consecuencias son más graves: el 40% de las afectadas por un infarto coronario muere tras padecerlo, frente a un 25% de los hombres.

Para evitarlo, es muy importante saber que en las mujeres el infarto puede provocar:

  • Dolor abdominal o en la boca del estómago, que suele confundirse con ardor estomacal.
  • Mareos, náuseas o vómitos.
  • Debilidad y fatiga sin motivo aparente.
  • Molestias en la zona del hombro.

Aunque el infarto es más frecuente en los hombres en edades más tempranas, a partir de la menopausia el riesgo se igual en las mujeres. Esto se debe a que durante la edad fértil los estrógenos ejercen un efecto protector. Pero con la disminución de estas hormonas durante la menopausia aumenta el riesgo cardiovascular. Además, en esta etapa suele subir el colesterol en sangre, y haber más hipertensión y obesidad.

¿Cuáles son las consecuencias?

Según la extensión de la zona infartada y los vasos que resulten dañados, las lesiones serán mayores o menores, y lo mismo ocurre con las posibles secuelas.

Si el infarto es muy extenso, hay una elevada probabilidad de muerte de la persona afectada. Si se sobrevive a un infarto en el que el corazón se ha visto muy afectado, es probable que el paciente sufra una insuficiencia cardiaca crónica.

Por el contrario, si el infarto no ha dañado excesivamente el corazón, se puede volver a realizar una vida normal, pero controlando los factores de riesgo y abandonando la vida sedentaria para evitar un nuevo infarto.

¿Cuál es el tratamiento?

Lo principal ante un infarto es la asistencia médica especializada inmediata. El objetivo del tratamiento es evitar que la enfermedad progrese, o al menos lo haga de forma lenta.

Para ello se utilizan diversos fármacos, como la administración de betabloqueantes, analgésicos, antiagregantes plaquetarios, trombolíticos o calcioantagonistas. Estos medicamentos están destinados a garantizar que la sangre llegue al corazón de manera correcta y evitar cualquier fallo en el flujo sanguíneo normal.

En ocasiones, la medicación no es suficiente y es necesario realizar otro tipo de tratamientos, como la colocación de un bypass coronario (conducto o desvío alternativo) para unir un vaso con otro “saltando” el lugar donde está la obstrucción y así restablecer el flujo sanguíneo.

También se puede realizar lo que se denomina una intervención coronaria percutánea, que consiste en abrir el vaso obstruido y colocar un stent o prótesis vascular, una especie de muelle que evita que el vaso vuelva a cerrarse.

¿Cómo se puede prevenir?

Adoptar unos hábitos de vida saludables, siguiendo una alimentación sana y equilibrada como la dieta mediterránea y haciendo ejercicio físico con regularidad, es la clave para mantener una buena salud cardiovascular y prevenir el infarto. Además, deben evitarse los siguientes factores de riesgo:

  • Niveles elevados de colesterol y triglicéridos en sangre, trastorno llamado dislipemia.
  • Hipertensión arterial.
  • Obesidad.
  • Tabaquismo.
  • Sedentarismo.

Existen otros factores de riesgo que no se pueden evitar, como los antecedentes familiares y la edad avanzada. En estos casos, aún es más importante las medidas de prevención anteriores.

Artículos de Infarto

Tags relacionados con Infarto