Hepatitis

El hígado es un órgano muy importante ya que, entre otras funciones, se encarga de la eliminación de las sustancias que pueden resultar nocivas para el organismo. Por eso, mantener su buena salud es fundamental, y cualquier sospecha de que no funciona bien debe ser estudiada por el especialista.

¿Qué es la hepatitis?

Esta enfermedad consiste en la inflamación o hinchazón del hígado, que puede producirse en cualquier persona y a cualquier edad. Las causas que la provocan son múltiples y variadas, pero destacan las infecciones por virus (las más habituales), bacterias y hongos

La hepatitis también puede estar causada por problemas de inmunidad (cuando células del propio cuerpo atacan al hígado), por sobredosis medicamentosas (por ejemplo, de paracetamol) o por el abuso de sustancias tóxicas, como el alcohol.

Existen varios tipos

Se dan diferentes clases de hepatitis causadas por infecciones: A, B, C, D, E, F, G, aunque las más conocidas y frecuentes son las tres primeras. Contrariamente a lo que mucha gente piensa, la transmisión del virus de la hepatitis no se produce solo por vía sexual:

  • La hepatitis A se transmite vía fecal-oral, sobre todo por beber agua contaminada o alimentos lavados en esa agua, y por contacto con heces de personas infectadas.
  • La hepatitis B se transmite por la sangre, a través de heridas, por transfusiones… y también por vía sexual si se mantienen relaciones con un enfermo o con un portador sano de la enfermedad. Puede quedar en una infección aguda y seguir su curso, o bien cronificarse y causar daños importantes en el hígado.
  • La hepatitis C se transmite también por contacto con sangre de enfermos o contaminada (transfusiones de sangre y hemoderivados, o pinchazos con agujas y material infectado). Puede dar lugar a enfermedades graves del hígado como cirrosis o cáncer.

¿Cuáles son los síntomas?

Después de la infección, los trastornos son bastante comunes y se pueden confundir con los de cualquier otra enfermedad, como la gripe:

  • Cansancio.
  • Inapetencia.
  • Dolores en músculos y articulaciones.
  • Malestar general.
  • Febrícula, o en algunos casos fiebre.
  • Escalofríos, náuseas con o sin vómitos.
  • Tos, dolor de garganta.
  • Dolor abdominal

Pero transcurridos 5 o 6 días, empiezan una serie de síntomas más característicos:

  • La piel y las mucosas, principalmente el blanco de los ojos, se vuelven de un color amarillento, lo que se conoce como ictericia.
  • La orina aparece de color oscuro, similar a un refresco de cola.
  • Las heces pueden presentar una coloración clara e incluso blanca (acolia fecal).
  • Y pueden aparecer picores por todo el cuerpo.

Sin embargo, un 1% de los pacientes no presenta ictericia, que es la señal más conocida, ni otros síntomas típicos, lo que hace más difícil su diagnóstico. Este se realiza mediante una analítica de sangre con valores específicos (transaminasas o enzimas hepáticas).

¿Cuál es el tratamiento?

Las principales medidas son sintomáticas, es decir, se tratan los síntomas del paciente. Se aconseja reposo relativo, además de seguir una dieta baja en grasas y la abstinencia de alcohol.

Cuando los síntomas son graves, incapacitantes o se sospecha de un fallo hepático, es necesario el ingreso hospitalario.

El tratamiento en sí mismo dependerá del tipo de hepatitis que tenga la persona. La hepatitis A, por ejemplo, no se trata con medicamentos. Sin embargo, los tipos B y C son más complicados y sí pueden precisar fármacos, que deberá prescribir el especialista en cada caso.

¿Cómo puede evolucionar?

La hepatitis puede aparecer de una forma rápida y curarse en un periodo más o menos corto de tiempo. Es lo que se conoce como hepatitis aguda.

Pero también puede desarrollarse lentamente y prolongarse en el tiempo su curación, dando lugar a una hepatitis crónica. Esta puede terminar provocando importantes problemas hepáticos e, incluso, derivar en un cáncer de hígado.

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