Cistitis

Es la enfermedad más frecuente del sistema urinario. Aunque en un principio no suele presentar complicaciones, hay que tratarla siempre para que no vaya a más.

¿Qué es la cistitis?

Es una infección de la vejiga urinaria, uno de los problemas que con más frecuencia se ven en las consultas de Atención Primaria. Su principal causante es una bacteria denominada Escherichia coli (E. coli), pero también puede ser provocada por otro tipo de bacterias y, de manera más inusual, por virus y hongos.

En cada infección suele detectarse un único tipo de germen. Pero, en algunas ocasiones, se pueden hallar varias clases en un mismo episodio.

Aunque popularmente se la llama infección de orina, esta en realidad no solo afecta a la vejiga, también puede darse en otras partes del sistema urinario, como uréteres, uretra, riñones… y según su localización recibe nombres diferentes.

La cistitis es más frecuente en las mujeres. Sin embargo, en los hombres suele ser más grave.

¿Cuáles son los síntomas?

Molestias y escozor al orinar, dolor, calambres en la parte baja del abdomen, orina con un fuerte olor, aumento de la necesidad de orinar, aparición de sangre… son señales que deben hacer sospechar de una infección de la vejiga. El diagnóstico lo darán un análisis y un cultivo de orina (urocultivo).

Si aparecen síntomas más graves, como fiebre superior a 38º, escalofríos, dolor intenso en la zona e incluso en lugares cercanos como la espalda, náuseas, vómitos y malestar general, la infección puede haberse propagado a localizaciones más altas del aparato urinario, como los riñones. Antes estos síntomas, se debe acudir a Urgencias.

En cambio, a veces la infección no provoca ninguna molestia, es lo que se conoce como bacteriuria asintomática. En este caso, su detección suele ser casual, cuando la persona se hace un análisis de orina por otro motivo diferente.

¿Cuál es el tratamiento?

Una vez descubierto el causante de la infección mediante un urocultivo, el tratamiento suele consistir en la administración de un antibiótico específico para acabar con él.

En algunos casos, no se consigue eliminar el germen y las infecciones se vuelven recurrentes, es decir, que se producen de nuevo cada cierto tiempo. En estas infecciones crónicas, el tratamiento antibiótico puede ser necesario durante varias semanas e incluso meses.

Cuando se detecta una infección que no presenta síntomas (bacteriuria asintomática), no siempre es necesario tratarla. Dependerá de cuál sea el patógeno causante, pues hay unos más agresivos que otros y que son más susceptibles de provocar complicaciones.

¿Cómo se puede prevenir?

Tomar las siguientes precauciones no solo ayuda a evitar la infección, sino también a aliviar los síntomas y facilitar su curación:

  • No utilizar ropa ajustada.
  • Usar prendas de algodón, sobre todo en la ropa interior.
  • No consumir alcohol ni bebidas con cafeína, ya que actúan como irritantes de la vejiga.
  • Al miccionar, asegurarse de vaciar bien la vejiga. Los residuos de orina favorecen la infección.
  • En el caso de las mujeres, limpiar la zona genital después de ir al baño siempre de delante hacia atrás y nunca al revés. Así se evita arrastrar los gérmenes desde el ano hacia el aparato urinario.
  • No estar muchas horas sin orinar y hacerlo siempre después de mantener relaciones sexuales para desechar posibles gérmenes.
  • Beber mucha agua durante el día para diluir las bacterias y favorecer su eliminación mediante la orina.
  • Tomar yogures desnatados y cítricos dificulta que las bacterias perjudiciales proliferen. 
  • Beber zumo concentrado de arándano rojo americano o tomarlo en comprimidos puede ayudar a prevenir la cistitis recurrente. Las proantocianidinas de este fruto tienen un efecto protector.  

Conviene saber también que existen una serie de factores que predisponen a sufrir cistitis, como por ejemplo:

  • Tener problemas de tiroides o diabetes.
  • Un uso excesivo de tampones.
  • La higiene íntima con jabones sin pH neutro.
  • Mantener posturas como estar de pie, tumbado o sentado durante mucho tiempo.
  • Los embarazos.
  • La menopausia.
  • La edad avanzada.

¿Qué complicaciones puede haber?

Ante la mínima sospecha de cistitis, se debe acudir al médico, pues un tratamiento adecuado cura la infección sin mayores problemas. Si no se pone solución, la infección se puede propagar a los riñones, originando una enfermedad grave llamada pielonefritis.

Esta puede provocar un daño permanente e irreversible en el riñón, e incluso desembocar en una infección generalizada de la sangre, o sepsis, que puede llegar a ocasionar la muerte.

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