Candidiasis

Se trata de una alteración que significa el  20-30% de todos los casos de infecciones vaginales. Picores o cambios en el flujo te pueden alertar pero es fácil de prevenir tomando una serie de precauciones en tu día a día.

¿Qué es la candidiasis?

Algunas mujeres son especialmente sensibles ante la levadura causante de la candidiasis, un hongo llamado candida albicans. Cuando este coloniza el área vaginal, se convierte en un hongo agresivo capaz de ocasionar muchas molestias. 

Este hongo vive de forma natural en pequeñas cantidades en la vagina y en otras partes del cuerpo donde hay mucosas, como el estómago y los intestinos, los pulmones o la boca. Normalmente, no suele causar ningún problema de salud y forma parte de la amplia variedad de microorganismos que hay en nuestro cuerpo.

Sin embargo, cuando la cantidad aumenta puede provocar la aparición de molestias propias de una infección en cualquiera de estas zonas, aunque la vagina suele ser la más afectada. 

¿Cómo se puede prevenir?

Tomar las siguientes precauciones te puede ayudar a reducir el riesgo de sufrir esta infección:

  • Higiene. Mantén la vagina limpia y seca, pero evita utilizar productos que causen irritación o que puedan variar el pH de la zona, como geles o jabones agresivos, polvos de higiene íntima, desodorantes o perfumes. Tampoco es recomendable que te hagas duchas vaginales, ni siquiera después de la menstruación.
  • Fármacos. Los antibióticos pueden favorecer este tipo de infecciones vaginales. Si tienes que tomarlos por algún motivo, es aconsejable que consumas probióticos, como yogures con lactobacilos o bífidus, para evitar que proliferen los hongos. Tomar corticoides también aumenta el riesgo de sufrir candidiasis.
  • Antifúngicos. El uso indiscriminado de medicamentos que combaten los hongos (muchos se venden sin receta médica) puede hacer que estos microorganismos se vuelvan resistentes al tratamiento. Si los utilizas cuando sospechas que existe la infección pero en realidad no es así, dejarán de hacer efecto cuando sí los precises de verdad.
  • Ropa. Utiliza prendas interiores 100% de algodón y evita los tejidos que no transpiren, como las fibras sintéticas, o demasiado ceñidos.
  • Deporte. Si acudes a la piscina o a la playa, procura llevarte bañadores de recambio y evita tener puestas las prendas húmedas demasiado rato. El mismo consejo sirve para la ropa deportiva cuando has sudado mucho. La humedad y el calor favorecen el crecimiento de los hongos.
  • Diabetes. Las mujeres con esta enfermedad tienen más riesgo de sufrir esta infección, en especial si no logran mantener en equilibrio sus niveles de glucosa.
  • Menstruación. Es habitual que el hongo prolifere una semana antes de que sobrevenga la menstruación (o unos días después de ella), debido a los cambios hormonales que se producen. Si ya te ha sucedido en otras ocasiones, extrema las precauciones poniendo en práctica con mayor énfasis las recomendaciones anteriores.
  • Anticoncepción. Los anticonceptivos hormonales y los dispositivos intrauterinos pueden convertir a algunas mujeres en víctimas fáciles de esta levadura. Si sospechas que es tu caso, háblalo con tu ginecólogo para tomar las medidas oportunas y cambiar de método anticonceptivo si es preciso.
  • Defensas. Las personas inmunodeprimidas, es decir, con un sistema de defensas débil (por una enfermedad crónica o por haber recibido un trasplante), están también más expuestas. Y, en estos casos, es común que los síntomas aparezcan en otras muchas mucosas (de forma sistémica).

¿Cuáles son los síntomas?

Ante cualquiera de las siguientes señales es importante acudir al médico para que realice una exploración. En ocasiones, es necesario tomar una muestra del flujo vaginal, cuyo análisis en laboratorio dará el diagnóstico definitivo:

  • Cambios en el flujo vaginal. Suele transformarse en una secreción blanquecina, espesa y abundante, de aspecto similar al requesón.
  • Molestias en la zona genital. La infección puede producir dolor, quemazón o ardor, malestar al orinar o también al mantener relaciones sexuales.
  • Durante la exploración. La piel que recubre la vagina se ve muy enrojecida, como si estuviera en carne viva.

¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento de la candidiasis suele consistir en la administración de medicamentos específicos para hongos, que pueden utilizarse en forma de cremas, de cápsulas por vía oral o vaginal, y supositorios. En ningún caso, debes tomarlos por tu cuenta. El médico es el que debe valorar qué tratamiento es más adecuado en cada caso.

La mayoría de las veces la infección desaparece sin mayores complicaciones con el tratamiento indicado y siguiendo las recomendaciones del especialista sobre medidas de higiene.

En algunos casos, las molestias pueden llegar a ser intensas, pero es muy importante que evites rascarte o tocar la zona, ya que pueden producirse heridas que se infecten y agraven aún más la candidiasis.

Tomar algunos suplementos naturales también puede ayudar a controlar la infección en algunos casos poco resistentes. Los de ácido caprílico, pau d'arco (o lapacho) y semillas de pomelo son muy eficaces en caso de candidiasis por sus propiedades antifúngicas.

También debes saber que…

  1. No se considera una enfermedad de transmisión sexual (ETS), por el hecho de que no es imprescindible mantener relaciones sexuales con una persona infectada para contraerla. Sin embargo, es cierto que el contacto sexual con una mujer que sufra candidiasis de forma repetida puede propiciar el contagio en el hombre.  La candidiasis masculina se manifiesta con picor, escozor e incluso erupciones rojas y blancas alrededor del pene. 
  2. Durante el periodo premenstrual, eres más susceptible de sufrir la infección. También durante el embarazo.
  3. Las precauciones para evitar la candidiasis vaginal también protegen otras zonas del cuerpo, ya que este tipo de hongos puede afectar a la boca, el esófago, el estómago y, en general, cualquier mucosa.
  4. Si sufres candidiasis, revisa tu alimentación, sobre todo durante las primeras semanas del tratamiento. Las harinas, los azúcares refinados y los lácteos (excepto el yogur) pueden agravar el trastorno. En cambio, el ajo, la col, el brécol y las infusiones de orégano, manzanilla, tomillo, jengibre, canela o melisa te pueden ayudar a controlarla.

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