Vitamina D

La vitamina D o calciferol (también se le conoce como vitamina “antirraquítica”) es un compuesto liposoluble que no debe faltar en tu dieta.

Su importancia se debe a que resulta fundamental para garantizar la correcta mineralización ósea, ya que interviene en la absorción y fijación del calcio y el fósforo, por lo que es clave para prevenir la osteoporosis.

Por otro lado, la vitamina D también interviene en la coagulación sanguínea y en la función muscular, es necesaria para el correcto funcionamiento del sistema inmune, podría tener propiedades antitumorales y, en definitiva, juega un papel importante en la salud en general, según indican numerosos estudios.

¿Qué ocurre cuando hay alteraciones en su cantidad?

Cantidades anormales de vitamina D pueden producir algunos problemas de salud, de modo que es importante no pasarse por exceso ni dejar que sus niveles en el organismo caigan.

Cuando hay déficit de vitamina D

Su deficiencia conduce a padecer enfermedades óseas, tales como raquitismo, osteomalacia y osteoporosis, las cuales se caracterizan por una menor resistencia de los huesos.

Además, numerosos estudios han demostrado que su déficit está relacionado con un mayor riesgo de obesidad y de desarrollar enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, incluso ciertos tipos de cáncer como el de colon, mama o próstata.

Los niveles bajos de vitamina D también han sido asociados con la disminución de la función cognitiva, la fatiga crónica, la artritis reumatoide, la psoriasis e incluso la depresión. Una deficiencia de vitamina D también puede ser responsable de la alteración de la función muscular.


Cuando hay exceso 

Como se trata de una vitamina liposoluble, su exceso también puede ser perjudicial para la salud. Demasiada puede hacer que el intestino absorba más calcio del que resulta necesario. Esto puede aumentar demasiado los niveles de este mineral en la sangre, lo que conduciría a un mayor riesgo de poder dañar los riñones, los tejidos blandos y los huesos.

También aumenta el riesgo de formar piedras en el riñón y puede provocar desorientación. Síntomas de su exceso también incluyen náuseas, vómitos, debilidad, estreñimiento y pérdida de peso.

Alimentos que la contienen

Es recomendable hacer que tu dieta habitual contenga varios alimentos ricos en vitamina D.

El pescado (sobre todo el azul), los huevos, las setas, la mantequilla, los lácteos enteros y los alimentos enriquecidos en esta vitamina (leche, yogur, mantequilla, cereales, zumos, etc.) son excelentes aliados. Sin embargo, se estima que a través de la dieta sólo se obtiene un 10% de la que necesitamos.

El 90% restante se consigue gracias a la radiación solar, ya que nuestro cuerpo la puede formarla a partir de la exposición de la piel a los rayos del sol (en España, de media, se considera suficiente tomar el sol como mínimo de 10 a 15 minutos cada día).

¿Sabías que…?

La deficiencia de esta vitamina es una de las más comunes en nuestro país. Por eso no es extraño que en algunas ocasiones sea necesario recurrir a la administración de suplementos de vitamina D (por ejemplo cuando la exposición sol no es posible, en caso de obesidad, personas mayores o las de piel oscura).

Ahora bien, como su exceso puede producir problemas por toxicidad, estos suplementos de calciferol siempre se han de tomar bajo supervisión médica.

  • Dosis diaria recomendada: según el Instituto de Medicina estadounidense la dosis recomendada para adultos es de 15 microgramos / día en adultos (20 microgramos / día para los adultos mayores de 70 años).

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