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Las pérdidas de orina son los trastornos más habituales si la musculatura del suelo pélvico está debilitada, aunque el desgaste de estos músculos también puede ocasionar disfunciones sexuales o incluso caída de órganos intrabdominales (prolapso).

Es por eso que trabajar y mantener en buena forma este grupo de músculos resulta muy beneficioso tanto para evitar problemas de salud como para mejorar tu calidad de vida. En las próximas líneas encontrarás toda la información necesaria para entender bien los efectos de un suelo pélvico debilitado y cómo puedes conseguir reforzarlo.

El suelo pélvico y el embarazo

El embarazo es probablemente la etapa en la que el suelo pélvico sufre más, ya que la suma del incremento del peso concentrado en el abdomen, la hiperlaxitud de los tejidos debido a los cambios hormonales y su distensión por el paso del bebé en el momento del parto hacen estragos.

El parto puede comprometer el estado de esta zona

Tal y como apunta el Dr. Santiago Palacios, ginecólogo y director del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer de Madrid, “un parto representa un factor de riesgo claro para el suelo pélvico, ya que se desestructura y queda muy laxo”.

Así pues, trabajar el suelo pélvico antes del embarazo previene la aparición de complicaciones de salud, pero también es necesario tomar medidas especiales una vez que el parto se ha producido.

Durante la menopausia

Otro periodo “crítico” es la menopausia, ya que debido a cambios hormonales se genera atrofia e hipotonía de los tejidos de la zona genital.

Además de en el postparto, la postmenopausia es la otra etapa en la que más se hacen notar los molestos efectos del debilitamiento del sistema de músculos y ligamentos que mantienen en suspensión la vejiga, el útero y el recto. Concretamente, las complicaciones que pueden aparecer son estas:

1. Incontinencia urinaria de esfuerzo

En la mayoría de los casos, las mujeres se percatan de que su suelo pélvico no funciona como debería porque tienen pérdidas de orina al hacer deporte, e incluso cuando tosen, ríen o estornudan.

2. Disfunciones sexuales

Cuando se da el síndrome de hiperlaxitud vaginal (que se produce sobre todo cuando la vagina queda muy dada de sí tras el parto), tanto la mujer como su pareja pueden tener problemas en sus relaciones íntimas ya que no “notan” apenas sensaciones.

3. Prolapso

Se trata de un descenso de uno o más órganos de la cavidad pélvica (la vejiga, el útero, la vagina, la uretra o el recto) hacia el exterior. Se detecta al hacerse visible un bulto en los genitales.

La prevención precoz es clave

Hay otros motivos que desembocan en la debilidad de la musculatura del suelo pélvico, como la predisposición personal (hay mujeres cuyos tejidos musculares y ligamentosos son muy laxos), la obesidad, practicar determinados deportes muy intensos (como correr o levantar pesas) o la tos crónica.

Hay que ejercitar estos músculos desde una edad temprana

Para prevenir esta situación, sea cuál sea su origen, conviene ejercitar el suelo pélvico desde edades tempranas. Como explica el Dr. Santiago Palacios, “si desde joven se refuerza el periné, se beneficia toda el área. Cuanta más resistencia y músculo tenga el suelo pélvico, se reduce la posibilidad de tener problemas en el futuro como incontinencia urinaria y de heces, atrofia vaginal y prolapso”.

Además, al tonificar los músculos vaginales se logra un beneficio añadido: incrementar el placer sexual.

Los ejercicios para fortalecer el suelo pélvico

Como el resto de músculos del cuerpo, los del suelo de la pelvis pueden volver a fortalecerse mediante el ejercicio cuando se han debilitado.

Ejercicios de Kegel

Los ejercicios de Kegel son los más adecuados y recomendados para lograrlo, pero también para prevenir que llegue a ocurrir.

Esta práctica debe su nombre al doctor Arnold Kegel, un ginecólogo estadounidense que desarrolló estos ejercicios durante casi dos décadas para presentarlos en 1942 con el fin de controlar la incontinencia urinaria, aunque posteriormente han evolucionado y también se aplican para mejorar las relaciones sexuales o resolver problemas relacionados.

En cuanto a su realización, consisten en repetidos movimientos voluntarios de contracción y relajación de los músculos del suelo pélvico durante unos segundos, logrando tonificarlos. Al contraerlos, deberías sentir cómo uretra, vagina y ano “se cierran” y ascienden.

Aprender a realizar ejercicios de Kegel es lo más recomendable

Es aconsejable que acudas a un centro de fisioterapia especializado para que te enseñen a realizar correctamente los ejercicios de forma personalizada. La gran ventaja es que, una vez aprendidos, puedes realizarlos en cualquier momento y situación, ya que nadie lo notará. Eso sí, es importante que seas constante y los practiques unos minutos al día para alcanzar buenos resultados, ya que a menudo son necesarios dos o tres meses para apreciarlos.

Al principio, es preferible que realices los ejercicios tumbada, ya que la fuerza de la gravedad se contrarresta y te será más fácil contraer el suelo pélvico. A medida que vayas fortaleciendo tu periné, puedes cambiar a otras posiciones: cuatro patas, sentada y, por último, de pie.

Gimnasia abdominal hipopresiva

La gimnasia abdominal hipopresiva aumenta el tono abdominal sin incrementar la presión intra-abdominal y en consecuencia, además de reducir la cintura, ayuda a tonificar el suelo pélvico, y previene la incontinencia de orina.

Para aprender la técnica de estos ejercicios y sacarles el máximo partido, lo mejor es ir a unas clases específicas en un gimnasio, centro cívico o de fisioterapia.

Cuándo recurrir al láser

En casos de incontinencia urinaria de esfuerzo leve o moderada a cualquier edad, atrofia vaginal en mujeres mayores o hiperlaxitud vaginal muy acusada tras el parto que no mejoren notablemente con ejercicios, el láser intravaginal se presenta como una solución muy eficaz.

¿En qué consiste esta técnica? Es sencillo: mediante un efecto térmico se forman nuevas fibras de colágeno que conllevan una mejora del tono, elasticidad y trofismo de la vagina. Esta técnica se realiza desde hace un par de años en centros de ginecología de referencia.

Como asegura el Dr. Palacios, “tiene el mismo efecto que los ejercicios de Kegel, pero acelerado. Suelen bastar tres sesiones (una por mes) y no tienen ninguna contraindicación”.