dermatitis atopica2

Cuidar la piel atópica, incluso cuando no presenta síntomas, es fundamental para mantenerla controlada y alejar nuevos brotes.

Cómo saber si tu piel es atópica

Identificar los síntomas es fácil. Lo más habitual es sentir la piel seca, rugosa, escamosa, enrojecida y con picor. Pero tampoco es raro ver cambios en la dermis en forma de ampollas que pueden supurar y llegar a formar costras. Es muy importante evitar rascarlas para no hacer heridas y prevenir el riesgo de infección.

Lo más frecuente es que la erupción se dé en las zonas de flexión, como la parte interna de los codos y detrás de las rodillas. Pero se puede extender a otras zonas como el cuello, la cara, las manos y los pies.

Si reconoces estas señales, acude al médico, quien valorará si es necesario o no que sigas un tratamiento. Para diagnosticar la dermatitis atópica no se requieren pruebas específicas ni analíticas. Al especialista le suele bastar con examinar las erupciones y hacer una detallada historia personal y familiar del paciente.

Relacionado con este artículo

El enrojecimiento de la piel, quedando rugosa y con picor, es un síntoma típico

Y es que al parecer existe un patrón genético y hereditario que hace que en algunas familias sea más frecuente esta afección. Si tu madre o tu padre la padecieron, es probable que tú también la desarrolles. Se sospecha que ocurre por una carencia de proteínas y una disminución en la concentración de ácidos grasos esenciales en la piel, lo que hace que aumente su sensibilidad, pero aún se desconoce por qué sucede exactamente.

Así puedes prevenir las erupciones

Si sufres dermatitis atópica es fundamental que cuides tu piel incluso durante las fases en las que no presentes lesiones. Con las siguientes precauciones, puedes retrasar la aparición de un nuevo brote, disminuir su intensidad e incluso evitarlo:

  • Hidrata la piel de cara y cuerpo a diario. Además, puedes aliviar el picor o las molestias si te aplicas la hidratante en frío (guardándola en la nevera).
  • Utiliza prendas 100% de algodón. Las lanas y fibras sintéticas propician la aparición de lesiones cutáneas.
  • Usa jabones con pH neutro. Estos benefician el cuidado de la piel sensible.
  • Elige perfumes y cremas libres de alcohol y parabenos. Y utiliza maquillajes hipoalergénicos.
  • Evita los baños o duchas prolongados. Así como el agua demasiado caliente, ya que favorece la aparición de las lesiones. Dúchate solo una vez al día con el agua templada y sécate suavemente, sin restregar la toalla.
  • Aleja el estrés. Los enfados frecuentes, las situaciones de frustración, nerviosismo, estrés o en las que se pasa vergüenza son factores que predisponen a la aparición de brotes. Recurre a técnicas de relajación para controlar estos estados.

Vigila tu alimentación

Aunque la dermatitis atópica no es una alergia, está demostrado que algunos alimentos pueden favorecer que se desencadene un brote. Leche, huevos, cítricos, frutos secos (sobre todo, cacahuetes y nueces), soja, marisco, chocolate, fresas o trigo son algunos de ellos.

Una manera de descubrir si te afecta algún alimento es analizar qué comiste antes de sufrir un brote. Para ello, cuando detectes cambios, molestias o erupciones en la piel, apunta en una libreta qué comiste.

Si al cabo de un tiempo compruebas que los brotes suelen coincidir con algún alimento que tomaste, coméntalo con el dermatólogo. Evitar su consumo puede ayudar a prevenir los brotes o a que estos sean más leves, pero conviene hacerlo bajo supervisión médica para que no tengas carencias nutricionales.

El clima también influye

El clima seco aumenta la posibilidad de tener piel atópica. Las personas que sufren esta afección suelen experimentar una mejoría en los síntomas y el aspecto de la piel cuando se trasladan a zonas con un clima húmedo, por ejemplo cuando van de vacaciones a la costa.

Las temperaturas extremas y los cambios bruscos de temperatura también favorecen su desarrollo. Evita los contrastes entre interior y exterior moderando el uso del aire acondicionado o la calefacción, y coloca humidificadores en casa.

Algunos estudios vinculan otros factores como la polución y el tabaco con el hecho de que cada vez se den más casos de dermatitis atópica entre personas adultas.

¿Existe algún tratamiento?

La dermatitis atópica es una enfermedad crónica, por lo que no se puede curar. La persona que la sufre una vez la padecerá de por vida.

Sin embargo, esto no quiere decir que los síntomas sean permanentes, ya que puede haber periodos en los que esté libre de lesiones. Con las precauciones y cuidados que antes te hemos explicado, se pueden reducir bastante la frecuencia y la intensidad de los brotes, consiguiendo un buen control de la enfermedad.

El tratamiento está orientado a disminuir el número e intensidad de los brotes

Por otro lado, aunque no existe ningún fármaco que cure la piel atópica, las cremas y lociones específicas para esta afección consiguen aliviar los síntomas al reducir la hinchazón de la piel, disminuir el picor y mejorar su aspecto de sequedad y descamación.

En brotes agudos puede ser necesario tomar corticoides, antibióticos o antihistamínicos, pero siempre bajo prescripción médica.

Tres ideas falsas sobre la dermatitis atópica

  1. Es contagiosa. La atopia no es una enfermedad infecciosa, por lo tanto no nos la puede contagiar nadie ni nosotros podemos “pegársela” a los demás, ni siquiera teniendo contacto físico estrecho.
  2. Es un simple eccema. A veces ambos términos se emplean indistintamente, pero lo cierto es que la dermatitis atópica es un tipo de eccema más severo y crónico que el resto.
  3. Solo afecta a las personas alérgicas. Es verdad que la piel atópica suele aparecer en personas con alergias estacionales o con asma, pero no es necesario ser alérgico para desarrollarla. Simplemente, quienes tienen alguna alergia son más propensos a sufrirla.